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Viviendas y mejoramiento de asentamientos precarios

La rápida urbanización actual ejerce presión sobre la vivienda y el uso del suelo. Para el 2030, cerca de 3,000 millones de personas o el 40% de la población del mundo necesitarán tener acceso a viviendas, infraestructura básica y a otros servicios tales como sistemas de acueducto y saneamiento.  Estas cifras pueden traducirse en la necesidad de construir  96.150 viviendas diarias en suelos con servicios y documentos a partir de este momento y hasta el 2030. Desafortunadamente, y especialmente en países en vías de desarrollo, el suministro es limitado debido a sistemas de gobernanza inadecuados, deficiencias en recursos humanos e instituciones y reglamentaciones obsoletas que no cuentan con suficientes facultades o que no están bien informados. Hasta ahora, el fracaso de la planificación urbana y del sector de la construcción, en lo que se refiere a la demanda de viviendas, se debe a la gran cantidad de trabajos atrasados que como resultado promueven la creación de asentamientos precarios en diferentes contextos alrededor del mundo. De hecho, las restricciones de los sistemas de entrega de tierras y  viviendas formales ocasionan que cada vez más personas,  que de una u otra forma calificarían para este tipo de programas de viviendas, opten por asentamientos precarios. En algunas ciudades, hasta el 80% de la población vive en tugurios. De hecho, desde el 2000 se han sumado a la lista 55 millones de personas adicionales en todo el mundo. África subsahariana, por ejemplo, cuenta con 199,5 millones de personas que residen en asentamientos precarios; Asia meridional, por su parte, cuenta con 190,7 millones, Asia oriental con 189,6 millones,  Latinoamérica y el Caribe con 110,7 millones y Asia sudoriental con 88,9 millones, seguida por Asia occidental con 35 millones y finalmente África del norte con 11,8 millones. Los tugurios con una clara manifestación de la mala planificación y administración del sector urbano y, en particular, del mal funcionamiento del sector encargado de la vivienda. Diariamente, 120.000 personas adicionales se suman a la población de las ciudades asiáticas, lo que requiere la construcción de al menos 20.000 nuevas viviendas e infraestructura de apoyo. En Latinoamérica y el Caribe estas cifras se  estiman alrededor de 42 y 52 millones de viviendas. En África, se calcula alrededor de cuatro millones de viviendas anuales, de los cuales el 60% de la demanda corresponde a la población urbana.

Acceso a viviendas inclusivas, sostenibles y adecuadas para todos
La vivienda es una de las condiciones sociales básicas que determinan la igualdad y la calidad de vida de personas y ciudades. Factores como el lugar dónde se ubican las viviendas, qué tan bien están diseñadas y construidas y qué tan bien se entrelazan con el tejido ambiental, social, cultural y económico influencian el diario vivir de los personas, su salud, su seguridad y su calidad de vida. Adicionalmente, estos factores afectan tanto las generaciones actuales como las futuras, dada la vida útil de las viviendas como estructuras físicas. Por todo esto, la vivienda es un elemento esencial para el desarrollo sostenible. Además, la vivienda también hace parte de las relaciones entre sociedad y medio ambiente. Por una parte, la construcción y operación de viviendas consume una gran cantidad de recursos (suelo, energía, agua, materiales de construcción), al mismo tiempo que contamina el aire y el agua. Por otra parte, las en vivienda están expuestas a una variedad de impactos ambientales  y riesgos tales como los desastres naturales y el cambio climático. Estos aspectos también adquieren una importancia considerable dentro del desarrollo sostenible. Esta compleja red de interrelaciones  entre sostenibilidad y vivienda es uno de los temas principales de las políticas de viviendas sostenibles. Dichas políticas se basan en un espectro de condiciones subyacentes (junto con las cuatro dimensiones de sostenibilidad descritas anteriormente: ambientales, sociales, culturales y económicas), con el fin de lograr la sostenibilidad durante el desarrollo de las viviendas. Dentro de estas condiciones se incluye el impacto ambiental y el cambio climático; la durabilidad y la adaptación de los hogares; las actividades económicas en las viviendas y su relación con la economía en general; el tejido social y cultural de las comunidades y, finalmente, el impacto de las viviendas en la reducción de la pobreza, en el desarrollo social y en la calidad de vida de la población. Aunque  las viviendas sostenibles generalmente se consideran sinónimos de riqueza y opulencia, esto no necesariamente es siempre cierto. En realidad, las viviendas sostenibles son aquellas que pueden ser tanto inclusivas como accesibles para todos. Por lo tanto, que una vivienda sea asequible es una de las condiciones necesarias para permitir la trasformación hacia la vivienda sostenible. Sin embargo, ser asequible no es la única condición, ya que este tipo de viviendas no pueden considerarse sostenibles si generan un impacto negativo en el medio ambiente o en la vida social. Así pues, solo la unión entre viviendas asequibles y las demás condiciones de sostenibilidad  garantizan el verdadero significado de una vivienda sostenible. Adicionalmente,  aunque una vivienda sostenible también es considerada una vivienda ahorradora de recursos o dicho de otra forma, una vivienda verde, es necesario adoptar una perspectiva y un enfoque más amplio que permita entender a una vivienda sostenible no solo como una unidad o un grupo de edificios verdes auto-sostenibles, sino como una práctica residencial, amigable con el ambiente y  con la sociedad que se integra con los sistemas urbanos y/o  asentamientos. Este enfoque es necesario desde la perspectiva integral del desarrollo sostenible y la naturaleza multifacética de la vivienda. Una vivienda asequible y sostenible puede considerarse en este contexto una extensión de la misma apropiada a todas las estrategias de la Agenda Hábitat. En este caso, una vivienda apropiada significa mucho más que un simple techo. De hecho, también significa privacidad,  espacio adecuado,  accesibilidad física, seguridad apropiada, seguridad de tenencia, estabilidad y confiablidad estructural, iluminación, ventilación y calefacción apropiadas; también implica infraestructura básica adecuada, como suministro de agua y servicios sanitarios y de manejo de residuos; cualidades ambientales adecuadas y factores relacionados con la salud; una buena ubicación respecto a instalaciones básicas y laborales. Adicionalmente, todos los elementos anteriores deben ser asequibles.
Desarrollo de políticas de vivienda
La urgente necesidad de proporcionar un hogar a millones de personas en países en vías de desarrollo y la notable tasa de construcciones ilegales y procesos de producción de viviendas exige un cambio en el paradigma de las políticas de vivienda,  planeación urbana y prácticas de construcción. La urgencia es cada vez mayor debido a los fenómenos ocasionados por el cambio climático, especialmente porque el sector de la construcción es responsable por casi el 40% de la emisión de gases de efecto invernadero en las ciudades.  Este problema obligan a los gobiernos nacionales y locales a prestar mayor atención a los estándares y normas de diseño, planeación y de tecnología que afectan la planeación de áreas residenciales, el diseño y producción de viviendas y la industria de la construcción. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer antes de que las viviendas sostenibles logren la importancia que deberían tener en países en desarrollo. No es fácil encontrar en este tipo de países políticas integrales enfocadas en las facetas sociales, culturales, ambientales y económicas de la vivienda. En muchos de estos contextos, los reconocidos programas  de viviendas en pro de los pobres con frecuencia ofrecen instalaciones con bajos estándares, en ubicaciones remotas que no tienen en cuenta el estilo de vida de los residentes, ni sus estrategias para subsistir. En otros, el rápido crecimiento en el desarrollo de las viviendas aumenta la huella de carbono, impactando de forma negativa al medioambiente. Además, en la mayoría de las ciudades de los países en vías de desarrollo, tener una vivienda digna y segura aún es un sueño para la mayoría de la población, mientras el gobierno considera a las viviendas asequibles como una simple responsabilidad social. Para poder enfrentar los asuntos relacionados con viviendas y asentamientos informales, los gobiernos necesitan crear políticas nacionales sólidas para la vivienda que permitan establecer un ambiente apropiado que aumente la oferta de viviendas asequibles. El requisito principal implica que solo con una fuerte voluntad política, lineamientos sólidos y reglamentaciones apropiadas, los países y sus ciudades podrán proporcionar una vivienda apropiada para todos, reduciendo el crecimiento de asentamientos precarios y garantizando un desarrollo urbano sostenible. Los principales inversionista, tales como los organismos gubernamentales nacionales y locales, las organizaciones no gubernamentales, las instituciones financieras, al igual que las constructoras y los desarrolladores del sector privado deben trabajar dentro de marcos estipulados. Así, condiciones operacionales e institucionales correctamente definidas tendrán la facultad de apoyar el sector de la vivienda de una manera más efectiva y, como consecuencia, contribuirán con la oferta de viviendas asequibles y dignas para todos. Las políticas de vivienda nacional deben ir de la mano con otros aspectos de desarrollo tales como los intereses económicos, sociales y ambientales. Por ejemplo, más allá de la simple oferta de casas o departamentos, los proyectos de vivienda deben entenderse como la participación activa en el aumento de la creación de empleos y de la economía, la reducción de la pobreza y el mejoramiento del desarrollo humano. De igual forma, las políticas de vivienda deben tener en cuenta las consideraciones de planificación urbana, promoviendo el uso urbano mixto, densidad de población media a alta y garantía de huellas urbanas reducidas y patrones de movilidad racionales. Las autoridades nacionales y locales deben tomar el control de los proyectos de vivienda, no solo para crear un ambiente propicio para los inversionistas, desarrolladores y constructores (para resolver asuntos sobre el suelo, por ejemplo) sino también para asegurar que las viviendas puedan ser asequibles y en pro de los pobres y  para garantizar el suministro de servicios e infraestructura básicos.
Derecho a la vivienda
El derecho a una vivienda digna (como componente del derecho a un nivel de vida adecuado) está consagrado en varios instrumentos internacionales de derechos humanos. Los más reconocidos dentro de esa lista son la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 25.1) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (art. 11.1). Durante los 90, el derecho a una vivienda digna obtuvo cada vez más importancia y reconocimiento dentro de la comunidad de los derechos humanos. De hecho muchos gobiernos adoptaron o revisaron sus políticas de vivienda para incluir varias dimensiones de los derechos humanos. La Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos (Hábitat II) aprovecho este impulso en 1996. Los resultados de la conferencia, la Declaración de Estambul y la Agenda Hábitat, constituyen un marco en que el desarrollo de asentamientos humanos se une con el proceso de desarrollo de los derechos humanos en general y el derecho a la vivienda, en particular. Posteriormente,  la Comisión de Asentamientos Humanos (hoy conocida como el Concejo de Administración de ONU-Habitat)  aportó la resolución 16/7 para “la implementación del derecho a una vivienda digna” en mayo de 1997. La resolución recomienda que ONU-Habitat y OHCHR (del inglés United Nations High Commissioner for Human Rights) elaboren un programa conjunto para apoyar a los Estados en la implementación de sus compromisos con el fin de asegurar el desarrollo pleno y progresivo del derecho a una vivienda digna. Recientemente, la Comisión de Asentamientos Humanos adoptó en abril  de 2001 las resoluciones 2014/34 y 2014/28. Esta última, sobre una vivienda digna como componente del derecho a un nivel de vida adecuado, le solicitó a ambas agencias fortalecer su cooperación y considerar la creación de un programa conjunto para el derecho a la vivienda. Estas resoluciones constituyen el mandato principal para el establecimiento del Programa de las Naciones Unidas para el Derecho a la Vivienda. Por lo tanto, el Programa de las Naciones Unidas para el Derecho a la Vivienda (UNHRP, del inglés United Nations Housing Rights Programme) es una iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR) que fue delegado y respaldado por sus respectivos organismos  gubernamentales y por la Asamblea General de las Naciones Unidas y fue creado en 2002 por el Director ejecutivo de Hábitat y el Alto Comisionado de los Derechos Humanos. El objetivo de esta iniciativa es apoyar los esfuerzos de los gobiernos, la sociedad civil y las instituciones nacionales de derecho humanos para que desarrollen el derecho a una vivienda digna, tal y como se describe en las declaraciones de derechos humanos internacionales y como se reafirma en la Agenda Hábitat, que expresa: “En el contexto general de un enfoque facilitador, los Gobiernos deberían tomar medidas oportunas con el fin de promover, proteger y asegurar la realización plena y progresiva del derecho a una vivienda digna.” (parágrafo 61) Para poder alcanzar esta meta, la UNHRP está tomando las siguientes acciones a nivel global:

  • Desarrollo de estándares y lineamientos
  • Elaboración de instrumental legales internacionales existentes y apoyo al cumplimiento de los mismo por parte del gobierno
  • Desarrollo de un sistema que monitoree y evalúe el progreso de la implementación del derecho a la vivienda.

Vea también la Ficha técnica 21 de ONU- OHCHR y ONU-Habitat sobre el derecho a una vivienda digna.

Mejoramiento de las condiciones de vida en los asentamientos precarios existentes
ONU-Habitat cuenta con una sólida experiencia adquirida a través de más de cuatro décadas de trabajo continuo en el mejoramiento de asentamientos precarios, experiencia que ha estado a disposición de las autoridades municipales y los gobiernos nacionales con el fin de implementar programas participativos de mejoramiento de asentamientos precarios. ONU-Habitat acompaña a las ciudades en el desarrollo e implementación de las políticas, estrategias y programas  de vivienda que incrementan el acceso a una vivienda digna, mejoran las condiciones de vida de los asentamientos precarios y detienen el aumento de los mismos.  Para ello, usa un enfoque doble que se basa en el mejoramiento del suministro y accesibilidad al suelo y en las oportunidades de vivienda a una escala que permita reducir el crecimiento y creación de asentamientos precarios, al mismo tiempo que promueve programas de mejoramiento para este tipo de asentamientos, tales como el Programa Participativo de Mejoramiento de Barrios Precarios (PSUP, del inglés Participatory Slum Upgrading Programme). La finalidad principal es mejorar las viviendas y la calidad de las condiciones de vida en los asentamientos precarios existentes. Del mismo modo, ONU-Habitat asesora  a los programas participativos para el mejoramiento de barrios precarios y ayuda a fortalecer el desarrollo institucional, el desarrollo de habilidades de estructuras técnicas de los gobiernos y otros inversionistas involucrados en el desarrollo de los asentamientos informales. Durante dicho proceso, se han desarrollado una serie de herramientas de planificación participativa que  incluyen herramientas para enumeración y cartografía, lineamientos para programas de administración y guías generales para apoyar la implementación de programas complejos de mejoramiento de asentamientos precarios. ONU-Habitat proporciona asistencia técnica para formular y adoptar códigos de construcción de viviendas sostenibles y reglamentos revisados a nivel nacional y local. Además, formula estrategias nacionales y locales que reducen sinérgicamente las emisiones de gases de efecto invernadero que se le atribuyen al ciclo de vida de las viviendas y a su capacidad de adaptación a través de la durabilidad y la resistencia al cambio climático. Simultáneamente,  esta estrategia proporciona beneficios sociales, culturales y económicos que se manifiestan a través del mejoramiento de la calidad de vida, la reducción de la pobreza, la protección del medio ambiente y el mejoramiento de la salud y la seguridad. Adicionalmente, ONU-Habitat cuenta con una sólida experiencia adquirida durante años, en los cuales acompañó a los gobiernos locales y nacionales para que trabajaran en conjunto con  actores clave en materia de vivienda, rehabilitación de barrios marginales y reconstrucción y reducción de la vulnerabilidad. Las intervenciones se basan en un enfoque participativo mediante el cual los habitantes de los asentamientos  precarios se convierten en socios que promueven el mejoramiento de los barrios marginales a través de un ambiente propicio para continuar con dicho esfuerzo. ONU-Habitat asesora  a los gobiernos locales y nacionales para que puedan garantizar que este tipo de ambientes les permitan apoyar a las comunidades en la identificación de sus problemas y el establecimiento de sus prioridades. Además, también ofrece apoyo  técnico y apoyo para la consolidación de capacidades específicas. ONU-Habitat apoya el proceso de movilización de recursos y el establecimiento de un marco administrativo sólido para las comunidades. Por último, ONU-Habitat apoya la ampliación de esas intervenciones, convirtiéndolas en estrategias, programas y políticas a nivel local y nacional, basándose en las mejores prácticas y en las lecciones aprendidas anteriormente.
Cinco características que definen un asentamiento precario según las Naciones Unidas
  • Acceso inadecuado a agua potable
  • Acceso inadecuado a infraestructura y saneamiento
  • Calidad estructural reducida en la vivienda
  • Superpoblación
  • Estatus residencial precario 
Mejoramiento de asentamiento precario: La clave para el desarrollo urbano
El mejoramiento de las viviendas y los asentamientos precarios contribuirá a reducir la desigualdad social y a mejorar la seguridad urbana a través de su impacto social y espacial. De hecho, las ciudades inteligentes y productivas del futuro serán aquellas donde los asentamientos precarios se conviertan en barrios vibrantes que se integran completamente a los tejidos de las ciudades y a los sistemas de administración urbana,  en lugar de continuar siendo grandes islas de informalidad, exclusión social, falta de viviendas y subdesarrollo. El mejoramiento físico de los asentamientos precarios, junto con las redes en las calles y la infraestructura mejorada  cobran sentido social y económico. En el campo social, los asentamientos precarios mejorados aumentan las condiciones de vida físicas, la calidad de vida y el acceso a servicios y oportunidades. En el campo económico, los asentamientos precarios mejorados aumentan el desarrollo económico local, mejoran la movilidad urbana y generan una gran esfera económicamente productiva dentro del tejido físico y socioeconómico de la ciudad en general. En consecuencia, las ciudades necesitan mejorar las condiciones de las vivienda en los barrios marginales. Para lograrlo, se puede convertir la participación local en un instrumento poderoso para movilizar a las comunidades de bajos recursos según asuntos de planeación, gestión y gobernanza en los barrios de la ciudad, siempre que su participación sea significativa, les de poder y mejore su vida cotidiana. Por esta razón, la participación suele ser más eficaz cuando se inicia en los barrios por medio de proyectos individuales o proyectos con comunidades. Esto se debe a que los barrios tienen un tamaño limitado y pueden desarrollarse progresivamente según los resultados logrados a corto, mediano y largo plazo. La búsqueda de soluciones debe realizarse por medio del diseño participativo de viviendas, enfocándose específicamente en las necesidades y aspiraciones de los grupos urbanos más desfavorecidos, incluyendo las viviendas en las cuales las mujeres son la cabeza del hogar. Del mismo modo, es urgente desarrollar herramientas prácticas, recursos de conocimiento y experiencia en el diseño de soluciones de construcción verde ambientalmente sostenibles y asequibles. Si las viviendas nuevas dejan de ser sostenibles y no cuentan con energía eficiente, las ciudades y los países se enfrentarán por décadas a los patrones de consumo de energía peligrosos y a formas de urbanización devastadoras. La vivienda es un escenario oportuno y estratégico con la cual se pueden alcanzar beneficios mutuos para la mitigación y la adaptación del cambio climático, así como para el desarrollo urbano sostenible en general. La planeación de las áreas residenciales, el mejoramiento de asentamientos precarios y la renovación urbana ayudarán a reducir la huella de carbono de las ciudades y los gases de efecto invernadero del sector nacional de la construcción.
ONU-Habitat y viviendas
ONU-Habitat apoya a los socios de la Agenda Hábitat y a todos los niveles de gobierno para que formulen e implementen reformas progresivas al sector de la vivienda y a la legislación, siempre y cuando dichas reformas contribuyan con la creación de ciudades inclusivas y sostenibles y cumplan con el derecho internacional a una vivienda digna. Además, comparte sus conocimientos para realizar análisis sólidos del sector de la vivienda y, en particular, la revisión de las leyes relevantes que afectan la oferta de viviendas asequibles. El asesoramiento técnico sustantivo sobre el contenido de leyes progresiva para la vivienda, ya sean nuevas o revisadas, ayudará a los gobiernos nacionales a crear un ambiente propicio para la implementación progresiva del derecho a una vivienda digna. ONU-Habitat ayuda a los gobiernos a desarrollar políticas y estrategias diseñadas para maximizar el papel que juega la organización en el desarrollo económico nacional y en la generación de empleo. Ayuda a desarrollar un diagnóstico local profundo de la situación del sector de la vivienda y proporciona apoyo técnico para la formulación de una política nacional de vivienda, incluyendo una estrategia de implementación. ONU-Habitat también ofrece el desarrollo de capacidades hechas a la medida de todas las partes interesadas del sector de la vivienda. Una de las soluciones que ofrece es la herramienta Perfil de Vivienda, que se ha aplicado exitosamente desde 2008 en al menos 10 países de África, Asia y América Latina. Esta herramienta permite a los gobiernos y a sus socios nacionales y locales comprender mejor las limitaciones que impiden que diversos sectores de la sociedad tengan acceso a una vivienda digna. También facilita el diseño de respuestas políticas para impulsar la entrega de viviendas, mejorar el suministro de suelo e infraestructura y la movilización de la financiación privada y pública para viviendas y otras medidas específicas según la realidad de cada país. Para mejorar la comprensión de las autoridades nacionales y locales de los problemas de vivienda y del cumplimiento de la ley internacional, ONU-Habitat ofrece ayuda técnica que comprende una revisión y un análisis de la reglamentación nacional regional y local vigente relacionada con la vivienda, incluyendo leyes, decretos, normas y códigos de construcción. También proporciona una revisión y un análisis de las implicaciones de las políticas necesarias para lograr implementar el derecho a una vivienda digna para todos. Además, invita a los inversionistas nacionales y locales interesados a reuniones de expertos internacionales para discutir los análisis nacionales y locales relacionadas con el derecho a una vivienda digna. Adicionalmente, ONU-Habitat está desarrollando actualmente una Estrategia Mundial de Vivienda hasta el 2025, teniendo en cuenta los desafíos que implica proporcionar viviendas e infraestructura básica, adecuada y sostenible. La estrategia tendrá en cuenta la necesidad de integrar las políticas de vivienda, las estrategias de planeación urbana generales y las acciones gubernamentales, con el fin de alinearlas con otras políticas sociales, económicas y ambientales.
Estrategia Mundial de Vivienda
La proliferación sin precedentes de asentamientos precarios y otros asentamientos informales es la manifestación física de una falta crónica de viviendas adecuadas y asequibles en ciudades resultado de inadecuadas políticas urbanas públicas. En 2013, más de 860 millones de personas vivían en asentamientos precarios, en comparación con 725 millones en 2000. Por lo tanto, a pesar de los esfuerzos, el crecimiento neto de asentamientos precarios aún continúa superante al mejoramiento de los mismos. La Estrategia Mundial de Viviendas  de ONU-Habitat tiene como objetivo ayudar a los Estados miembros en el proceso de implementación del derecho a una vivienda digna. Uno de los principales objetivos de la estrategia es que los Estados miembros desarrollen estrategias nacionales de vivienda. Una estrategia nacional de vivienda es aquella que sirve como guía para las políticas, la planeación y la programación de inversiones, las actividades de gestión y mantenimiento en las áreas de las viviendas y el mejoramiento y prevención de asentamientos precarios. Dichas estrategias  deben formularse con la plena participación de todos los interesados. Las estrategias de viviendas, a nivel nacional y local, son inseparables de las estrategias de uso del suelo, las estrategias de infraestructura, incluyendo las estrategias de desarrollo económico local y de movilidad, todas integradas en el proceso participativo e inclusivo de planificación y gestión urbana dentro de un marco legal y regulatorio de apoyo. Los resultados esperados de la Estrategia Mundial de Vivienda de ONU-Habitat (re) posicionarán a la vivienda en el debate contemporáneo global sobre ciudades inclusivas con economías sostenibles y  viables tanto ambiental y cultural como socialmente. Además, la Estrategia dará varios resultados importantes, tales como:

  • Un cambio de paradigma en el pensamiento y la práctica de la política de vivienda
  • Una contribución a los objetivos de desarrollo sostenible después del 2015
  • La promoción de reformas sistémicas que permiten un mayor acceso a una vivienda digna con una variedad de soluciones de vivienda que responden a las demandas efectivas;
  • El fortalecimiento del vínculo entre la vivienda y otros sectores de la economía;
  • La descentralización de la producción de viviendas;
  • El aumento del uso de diseños y tecnologías sostenibles para edificios y barrios que generan soluciones rentables, eficientes, flexibles en cuanto al manejo de la energía. 
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