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Género

Hoy, la rápida urbanización está desafiando tanto a los gobiernos nacionales como locales en su rol de desarrollar ciudades compactas, inclusivas, conectadas e integradas, capaces de lograr la  equidad espacial, la creación de trabajos, el desarrollo humano y comunitario, la infraestructura estratégica y la sostenibilidad  ambiental. En este proceso  de rápida urbanización, la dificultad para incorporar de manera plena el enfoque de igualdad de género  en la planificación urbana, la legislación y el desarrollo económico está obstaculizando la capacidad de inclusión de las ciudades e impidiendo la integración plena de las mujeres y las niñas en la vida económica, social, política y cultural de las ciudades. Las mujeres y los hombres, las niñas y los niños, experimentan el proceso de urbanización y la vida en la ciudad de manera diferenciada y se benefician de las oportunidades que ellas ofrecen también de manera diferente. Comparadas con las áreas rurales, las ciudades ofrecen oportunidades de empleo más diversas que aumentan la independencia financiera; más fácil acceso a la educación en los diferentes niveles; mayor acceso a los servicios de salud; mayores oportunidades de socializar fuera del hogar; mayores posibilidades de asumir roles de liderazgo comunitario o político; y, lo más notable, mayores posibilidades de redefinir los roles tradicionales de hombres y mujeres. Sin embargo, las desigualdades de género persisten; por ello, las mujeres y las niñas  se benefician menos de la urbanización y del espacio urbano que los hombres y los niños. De hecho, las mujeres y las niñas en la ciudades enfrentarán un conjunto de barreras específicas y vulnerabilidades: desigualdad de género, violencia contra las mujeres, pobreza, trabajo no remunerado en el cuidado de otros, control limitado sobre los activos, desigual participación en la toma de decisiones públicas y privadas, y barreras para la educación, el empleo, la vivienda y los servicios básicos. En ningún lugar hay desigualdades más evidentes que enfrentan las mujeres urbanas que en los asentamientos urbanos informales, donde las mujeres son la mitad de la población. En estos asentamientos, las mujeres enfrentan los mayores retos urbanos: pobreza, hacinamiento, acoso y abuso sexual, y falta de acceso a la seguridad en la propiedad de la vivienda, agua y saneamiento, transporte y servicios de salud sexual reproductiva.

Género, espacio público y tenencia segura de la propiedad
La falta de tenencia segura respecto a la vivienda y el suelo afecta a millones de personas en todo el mundo, pero las mujeres enfrentan privaciones más grandes dado que algunas tradiciones y costumbres les niegan directamente el derecho a la propiedad. Esto se traduce en políticas y leyes que impiden que las mujeres puedan comprar tierras directamente, tener una casa inscrita en su propio nombre, o tener control sobre las decisiones que se toman respecto a los asuntos del suelo o la vivienda. Hay consecuencias negativas como resultado de la falta de poder de las mujeres sobre el suelo y la vivienda; ellas son las más afectadas por los desalojos y por la inseguridad en la tenencia causada por desastres naturales o producidos por el ser humano, conflictos armados y disturbios. Por tanto, acceder, poseer y controlar el suelo y la vivienda empodera a las mujeres para tomar control de sus vidas e impulsar el desarrollo sostenible y la capacidad de resilencia frente a los desastres en sus comunidades. Adicionalmente, el espacio público de buena calidad es una herramienta poderosa, capaz de transformar la mentalidad económica, social, cultural y política de una ciudad o comunidad. Todos deben tener acceso a calles de calidad y espacios públicos cerca de donde viven, pero especialmente las mujeres y las niñas, dado que sus múltiples responsabilidades y sus jornadas diarias son frecuentemente más focalizadas en lo local y típicamente más variadas y complejas que las de los hombres y los niños. En suma, un espacio público saludable, seguro y funcional aumenta el valor de las áreas cercanas y funciona como un catalizador para el desarrollo urbano.
Género, seguridad y movilidad
La falta de seguridad y movilidad es un serio obstáculo para alcanzar la igualdad de género en la ciudad, en la medida que limita el derecho de las personas a participar plena  y libremente como ciudadanos en sus comunidades. Diseños urbanos pobres, como calles con mala iluminación y pasajes subterráneos solitarios hacen que las mujeres sean objeto de violencia y ataques sexuales en espacios públicos. La seguridad para las mujeres implica estrategias, prácticas y políticas que busquen reducir la violencia basada en género, incluyendo la vulnerabilidad de las mujeres frente al crimen. Hacer que las comunidades sean más seguras para todos requiere  un cambio en las normas de la comunidad, los patrones de interacción social, valores, costumbres e instituciones. Por tanto, políticas con enfoque de género, planificación y prevención del crimen y la violencia contra las mujeres necesitan ser inclusivas respecto al desarrollo y las estrategias de seguridad.
Empoderamiento económico y medios de vida de las mujeres
En las ciudades, las mujeres tienen más oportunidades para el empleo remunerado. Sin embargo, ellas siguen ganando menos que los hombres por su trabajo. Esto se debe a la concentración de mujeres en trabajos con menores salarios, así como a patrones culturales y tradicionales que resultan en que el trabajo de las mujeres sea menos valorado que el de los hombres. Las mujeres viviendo en pobreza enfrentan grandes desafíos para acceder al crédito y al financiamiento para ellas y sus organizaciones.  Asegurar la integración de las mujeres en la vida pública y el empleo a través de la ubicación específica de las actividades económicas para el mercado y usos comerciales accesibles, los lugares públicos y otros servicios en los cuales se desarrollan dimensiones sociales y económicas, ayuda a reducir los niveles de pobreza. Finalmente, el empoderamiento económico les da a las mujeres mayor capacidad de tomar decisiones dentro de la familia y está vinculado a niveles más bajos de violencia y feminicidios.
Género y gobernanza urbana
La buena gobernanza local es esencial para mejorar los asentamientos humanos y la vida de los pobres de zonas urbanas. La gobernanza afecta la entrega de servicios, la vivienda y otras condiciones relativas a las comunidades. Incorporar el enfoque de género en los liderazgos locales, nacionales e internacionales es esencial para el desarrollo urbano sostenible. Mejorar la participación activa y significativa de las mujeres y las niñas en la toma de decisiones y en el desarrollo de políticas cambiará el estatus político y socio-económico de las mujeres. En suma, a menos que las mujeres y las comunidades sean involucradas en la toma de decisiones y en el desarrollo de políticas en cada nivel de la gestión pública, los cambios en el estatus político y socio-económico de las mujeres serán mínimos, y el mejoramiento de los asentamientos humanos estará fuertemente restringido.
Género y legislación
La legislación es esencial para la incorporación del enfoque de género y el mejoramiento de las vidas de las mujeres y las niñas. Frecuentemente, es el primer hito en la evolución de los derechos de las mujeres, aunque  estos cambios implican retos cuando se trasladan a las vidas concretas de las mujeres y las niñas. Además, el rápido crecimiento de las áreas urbanas se complica con leyes que no se ajustan a la realidad de las zonas urbanas ni a la evolución de los roles de género tanto de mujeres como de hombres. Peor aún, es común la falta de capacidad para hacer cumplir las leyes y las regulaciones que ya existen. La rigidez de las leyes y regulaciones obligan a los ciudadanos a seguir caminos informales para llevar a cabo transacciones de propiedades, para hacer negocios, adquirir medios de vida e incluso para el acceso a servicios básicos que suelen ser injustos para las mujeres y las poblaciones vulnerables.
Género y asentamientos informales
Las mujeres que viven en asentamientos informales requieren atención especial. Aunque las mujeres que viven en áreas formales e informales de las ciudades experimentan un conjunto similar de desafíos en relación a las desigualdades de género, la mayor concentración de pobreza en asentamientos informales se agrava con el hacinamiento, la inseguridad, la falta de acceso a la seguridad de la tenencia, el agua y saneamiento, así como la falta de acceso al transporte y  a servicios de salud sexual y reproductiva. Con el fin de permitir que las personas que viven en pobreza tengan mayores perspectivas de lograr prosperidad, las regulaciones deben ser promovidas para mejorar los asentamientos informales en vez de acabar con ellos; los empresarios informales deben tener mayor acceso a espacios públicos, y a barrios de clase media y de élite.
Género y asuntos de salud pública urbana
La falta de acceso a agua potable, saneamiento básico y otros servicios básicos ponen en riesgo  la salud. Las mujeres, sobre todo las que viven en comunidades urbanas pobres, son las que están en mayor riesgo de experimentar problemas de salud, dado que ellas frecuentemente están limitadas para acceder y beneficiarse de buenos servicios de salud debido a la falta de servicios adecuados, sistemas y voluntad política. Las mujeres están más expuestas que los hombres a experimentar violencia física, sexual y emocional, lo que afecta negativamente su salud. Las comunidades viviendo en pobreza son más afectadas por el VIH/SIDA, comparadas con otros grupos urbanos. Las disparidades de poder socioeconómico, cultural y político, los estigmas y el peso del trabajo no remunerado para el cuidado de otros contribuyen a este desequilibrio. Por tanto, los programas urbanos deben considerar estas disparidades y desigualdades así como enfrentar los patrones patriarcales para controlar la sexualidad y reproducción de las mujeres, a fin de apoyar sistemas sostenibles de desarrollo comunitario y salud que logren resultados.
Mujeres y Derechos Humanos
Los Derechos Humanos están consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH, 1948) y otros tratados de Derecho Internacional; estos derechos son inalienables y legalmente protegidos. La DUDH establece la igualdad formal de todos los seres humanos. Conociendo la situación particular de las mujeres, la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, 1979) establece una plataforma de derechos de las mujeres con el fin de alcanzar la igualdad sustantiva de todos los seres humanos. Por consiguiente, los derechos de las mujeres se refieren a la participación plena e igualitaria de las mujeres en la vida política, civil, económica, social y cultural, a nivel nacional, regional e internacional, y a la erradicación de todas las formas de discriminación basada en género.
Mujeres jóvenes
Las personas entre los 15 y 24 años constituyen un asombroso grupo de 1,800 millones a nivel global. Al mismo tiempo, las áreas urbanas son el hogar de un creciente número de personas jóvenes, especialmente en el mundo en vías dedesarrollo. Esto genera nuevos temas en la vanguardia del desarrollo económico, político y humano, así como en lo que respecta a la igualdad de género. Las mujeres jóvenes enfrentan una doble discriminación debido a su edad y sexo, y son las que a menudo viven con los niveles más altos de pobreza y marginación en los entornos urbanos. Los hogares dirigidos por mujeres, lo que refleja y apunta hacia un cambio en los roles tradicionales de género donde las mujeres jóvenes asumen el liderazgo en sus comunidades, particularmente en asentamientos informales. Asimismo, las mujeres jóvenes continúan enfrentando retos respecto a su seguridad y movilidad, derechos y acceso al suelo, libertad de expresión, suficientes servicios básicos, recursos educativos y económicos. Además, el acoso sexual aumenta en muchos espacios públicos urbanos, creando barreras invisibles y temor, que evitan que mujeres jóvenes puedan ejercer sus derechos a la libertad de movimiento. Para las adolescentes y las mujeres jóvenes, la discriminación por género y edad crean barreras adicionales donde, en lugar del reconocimiento de su rol clave en la vida económica, social y política de las ciudades –un área en la que los hombres jóvenes también tienen un rol clave que jugar- ellas quedan aún más expuestas a los retos derivados de la urbanización.
Género y cambio climático
Los asentamientos humanos son los mayores contribuyentes al cambio climático, principalmente como resultado de la energía  y el consumo de recursos y productos industrializados. Los asentamientos urbanos, en particular, son cada vez más vulnerables al cambio climático debido a  la concentración poblacional, el hacinamiento y la rápida expansión urbana, y dado que contienen las infraestructuras vitales en lo social, económico y político. Entre los habitantes urbanos, los más afectados por el cambio climático son las personas de los asentamientos informales – una parte de la población dominada por mujeres- quienes tienen más probabilidades de vivir en o cerca de las zonas vulnerables a los desastres naturales. En general, las mujeres son más vulnerables al cambio climático debido a los retos relacionados al género en el acceso a la educación y los recursos – debido frecuentemente a su exclusión respecto a la planificación urbana, la propiedad del suelo y la gestión. Durante los desastres naturales, las muertes de mujeres y niños superan a la de los hombres; esta disparidad está vinculada a limitaciones socioculturales: necesidades culturales de las mujeres de ser acompañadas por un hombre de su familia para estar en público; mercado de trabajo basado en los patrones de reproducción, que debido a la naturaleza del trabajo, retrasa a las mujeres durante el escape en caso de calamidades; restricciones físicas para el movimiento o la vestimenta; y la falta de habilidades y práctica en actividades físicas como nadar. A menudo, luego de los desastres naturales hay un marcado aumento de los hogares liderados por mujeres. Para muchas mujeres y sociedades esta realidad es un territorio desconocido, que implica cambios en las jerarquías de poder y tensiones de género al interior de las sociedades. Debido a historias culturales que han pasado por alto a las mujeres antes de los desastres, estas pueden continuar ignorando a las mujeres en el proceso de toma de decisiones, a pesar de que se hayan convertido en jefas de hogar y proveedoras económicas  de los mismos.

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