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Resiliencia

resilience2 Icons-09 Globalmente, 80% de las ciudades más grandes del mundo son vulnerables a los fuertes efectos de los terremotos, 60% corren riesgo de marejadas o tsunamis, y todas enfrentan los nuevos impactos causados por el cambio climático. El costo de los desastres urbanos, en 2011, se estima en más de 380 mil millones de dólares y los mayores daños se sintieron en Christchurch, Nueva Zelanda; Sendai, Japón; y Bangkok, Tailandia. Con 50% de la población mundial viviendo en ciudades y con una proyección de crecimiento sustancial de la población urbana para las próximas décadas, existe la necesidad de contar con nuevas herramientas y enfoques que fortalezcan gobiernos locales y ciudadanos para una mejor protección de los recursos humanos, económicos y naturales de nuestros pueblos y ciudades. La resiliencia alude a la capacidad de los asentamientos humanos para resistir y recuperarse rápidamente de cualquier peligro plausible. La resiliencia frente a las crisis no sólo contempla la reducción de riesgos y daños de catástrofes (como pérdidas humanas y bienes materiales), sino la capacidad de volver rápidamente a la situación estable anterior. Mientras que las típicas medidas de reducción de riesgos tienden a concentrarse en una amenaza específica y dejan de lado la vulnerabilidad frente a otro tipo de peligros, la resiliencia adopta un enfoque frente a amenazas múltiples, considerando la capacidad de recuperación frente a todo tipo de peligros plausibles. El objetivo de ONU-Habitat es aumentar la resiliencia de las ciudades frente al impacto de las crisis por causas naturales o humanas. Un pilar fundamental de este objetivo es garantizar que las ciudades puedan resistir y recuperarse rápidamente de  los sucesos catastróficos.

¿Por qué resiliencia para las ciudades?
Durante la última década, los desastres naturales han perjudicado a más de 220 millones de personas y causado daños económicos de 100 millones de dólares anuales. La cantidad de personas afectadas por catástrofes desde 1992 llega a 4.400 millones (equivalente a 64% de la población mundial), y el daño económico es de unos  2 billones de dólares (equivalente 25 años del total de la Ayuda Oficial al Desarrollo). Las ciudades golpeadas por los mega desastres, como  Kobe o Nueva Orleans, pueden tardar más de una década en recuperarse y volver a su estado previo al desastre. Las crisis crónicas y recurrentes, como es el caso de las sequías en el Cuerno de África, requieren de un abordaje de las causas más que responder a las consecuencias. Los desastres provocados por el ser humano, como los conflictos y las catástrofes tecnológicas, también pueden socavar los beneficios del desarrollo de los países y ciudades. La cantidad de personas en riesgo aumenta significativamente, pues la rápida urbanización genera asentamientos informales descontrolados y densamente poblados en áreas propensas a amenazas. La falta de capacidad de las ciudades y gobiernos locales para regular normas de construcción y el uso del suelo exacerba los riesgos de los que viven en condiciones vulnerables. Los gobiernos locales son el nivel más cercano a los ciudadanos y juegan un papel fundamental en  proveer infraestructura y servicios cruciales para proteger vidas y bienes durante la respuesta a la crisis. En resumen, las ciudades y gobiernos locales deben incrementar su capacidad para reducir daños y el periodo de recuperación de cualquier desastre potencial.
¿Cómo las ciudades pueden ser más resilientes?
Una metodología de uso cada vez más común por los gobiernos locales y la comunidad internacional para aumentar la resiliencia son los diez “aspectos básicos” de la  UNISDR. El Programa de Perfiles de Ciudades Resilientes de ONU-Habitat introdujo los siguientes ‘aspectos básicos’ a fin de actualizar el marco y hacerlo más riguroso, objetivo y adecuado para llevar a cabo una evaluación cuantitativa y elaborar un perfil de la resiliencia de la ciudad:

  • Aspecto básico 1: Gestionar la organización y coordinación para comprender y reducir el riesgo de desastres, sobre la base de la participación de grupos de ciudadanos y la sociedad civil. Formar alianzas locales. Garantizar que todos los sectores comprendan su papel en la preparación y reducción de riesgos de desastres.
  • Aspecto básico 2: Asignar un presupuesto para la reducción de riesgos de desastres y ofrecer incentivos para que propietarios, familias de bajos ingresos, comunidades, comerciantes y el sector público inviertan para reducir el riesgo que enfrentan.
  • Aspecto básico 3: Mantener actualizada la información sobre los peligros y vulnerabilidades, preparar evaluaciones de riesgos y utilizarlas como base para los planes y decisiones de desarrollo urbano. Garantizar que esta información y los planes para la resiliencia de su ciudad sean de fácil acceso al público y se analicen a fondo con ellos.
  • Aspecto básico 4: Invertir en mantener una infraestructura esencial para la reducción de riesgos, como canales de drenaje adaptados donde sea necesario para lidiar con los cambios climáticos.
  • Aspecto básico 5: Evaluar los sistemas de seguridad de todas las escuelas y centros de salud y actualizarlos, si es necesario.
  • Aspecto básico 6: Aplicar y hacer cumplir normas realistas de construcción segura y principios de planificación del uso del suelo. Identificar áreas seguras para ciudadanos de bajos ingresos y mejorar los asentamientos informales en la medida de lo posible.
  • Aspecto básico 7: Garantizar que se ejecuten programas educativos y de capacitación sobre la reducción de riesgos de desastres en las escuelas y las comunidades locales.
  • Aspecto básico 8: Proteger ecosistemas y barreras naturales para mitigar inundaciones, marejadas y otras amenazas frente a las cuales la ciudad pueda ser vulnerable. Adaptarse al cambio climático mediante la creación de buenas prácticas de reducción de riesgos.
  • Aspecto básico 9: Instalar en la ciudad sistemas de alerta temprana y capacidades en gestión de emergencias, y llevar a cabo regularmente simulacros de preparación para emergencias.
  • Aspecto básico 10: Después de una catástrofe, garantizar que las necesidades de los sobrevivientes sean el eje de la reconstrucción, y a la vez, apoyar a sus organizaciones comunales en el diseño y aplicación de respuestas, como reconstrucción de casas y medios de vida.
¿Qué hace ONU-Habitat por la resiliencia?
El objetivo de ONU-Habitat es aumentar la resiliencia de las ciudades frente a los impactos de las crisis naturales y humanas. Para lograrlo, ONU-Habitat ha lanzado el Programa de Perfiles de Ciudades Resilientes (CRPP, por sus siglas en inglés) para apoyar a gobiernos locales en el desarrollo de capacidades que mejoren su resiliencia mediante la creación de un enfoque de planificación y gestión urbana amplio e integrado, con herramientas para medir y elaborar un perfil de la resiliencia de ciudades frente a todo tipo de amenazas. El Perfil de Resiliencia de una ciudad consiste en un estudio de referencia de la capacidad de la ciudad para recuperarse de cualquier peligro plausible. El Programa se ejecuta a través de alianzas con los principales actores involucrados, entre ellos agencias internacionales, instituciones académicas y de investigación, sector privado, ONGs y representantes de algunas ciudades asociadas del mundo. Las ciudades asociadas actualmente al Programa son: Balangoda, Sri Lanka; Barcelona, España; Beirut, Líbano; Dagupan, Filipinas; Dar es Salaam, Tanzania; Lokoja, Nigeria; Portmore, Jamaica; Talcahuano y Concepción, Chile; Teherán, Irán; y Wellington, Nueva Zelanda. A lo largo de un período de implementación de 48 meses, el Programa alcanzará estos cuatro objetivos principales:

  • Investigación sobre el Marco Operacional: Completar los estudios necesarios para investigar conceptos actuales de sistemas urbanos, cartografía de riesgos existentes y técnicas de mitigación, y desarrollar un modelo de sistema urbano adaptable a cualquier asentamiento humano;
  • Indexación y elaboración de perfiles: Establecer una serie de indicadores y estándares para calibrar la capacidad de los sistemas urbanos de superar una crisis, y una serie de perfiles de resiliencia para ciudades piloto;
  • Desarrollo de herramientas y software: Crear una interfaz de software para que el gestor urbano y los médicos elaboren los perfiles de resiliencia de su ciudad; y
  • Orientación normativa: Establecer estándares generales fijados para la resiliencia urbana y un nuevo marco normativo para supervisar los sistemas urbanos a escala mundial.

Obtenga más información sobre el Programa de Perfiles de Ciudades Resilientes

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